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La Creatividad en el Desarrollo Humano Integral
Aquí se aborda el tema de la creatividad, como actuación fundamental en el ser humano, para su desarrollo integral y autorrealización.


Por: Adriana Servín Figueroa | Fuente: Catholic.net



En una sociedad globalizada y en permanente intercomunicación, en que la innovación y cambio son una constante, el desarrollo de la creatividad no solo resulta deseable, sino indispensable, para un desempeño adecuado de la persona, en lo profesional y personal.

De esta forma, el estudio de la creatividad ha cobrado importancia en las últimas décadas, a la luz de las investigaciones en neurofisiología, psicología y pedagogía, entre otras. Si bien, el estudio de la creatividad en el transcurso de los años ha sido abordada desde diferentes enfoques, algunos centrándose en la creatividad como capacidad cognitiva para la solución de problemas; otros como expresión de la esfera inconsciente de la personalidad y en años más recientes, profundizando en la investigación de las bases biológicas de la creatividad. Aún faltan áreas importantes en el estudio de este campo de la conducta humana.

En este artículo se trata el tema de la creatividad, desde un enfoque Humanista Integral de Inspiración Cristiana, resaltando su importancia central en el desarrollo integral de la persona.

En este enfoque, se concibe al ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y formado por seis actuaciones o dinamismos fundamentales, que al ser desarrollados e integrados, le hacen plenamente humano y dueño de su potencial.

Estos dinamismos humanos son: la conciencia crítica, la capacidad de ejercicio libremente responsable de su ser y actuar, la integración afectiva, la actuación solidaria en su relación con los otros, la apertura a la trascendencia y desde luego, la creatividad.

Así, la creatividad, como uno de estos dinamismos humanos fundamentales, hacen al hombre innovador, transformador de sí mismo y su entorno, tanto físico como social, generador de estructuras, renovador y buscador permanente de retos, para alcanzar su plena autorrealización.

La creatividad, como actuación distintiva del ser humano, le ha permitido su ascenso continuo en el transcurso de millones de años, desde el hombre primitivo hasta el hombre del siglo XXI. En todas las épocas, la creatividad ha interesado y cuestionado al hombre, que ha venerado y reconocido a los individuos más creativos de su tiempo y otras veces excluido y hasta perseguido a estas personas destacadas por su capacidad de inventiva, de reformar y transformar las creencias e instituciones de su tiempo.

Diversos investigadores han realizado estudios cuidadosos sobre la creatividad, desde los pioneros en esta área, como J.P.Guildford y E.P.Torrance, y otros investigadores más recientes, como M. Rodríguez y V. Rowenfeld, quienes han observado que la creatividad no es solo una capacidad cognitiva, que involucra funciones intelectuales como análisis, síntesis, razonamiento y reflexión; sino que también interviene de manera importante el campo de la afectividad, la intuición y la apertura a la experiencia.

De esta forma, podemos decir que la creatividad es la expresión de la unión de lo cognitivo y afectivo de la personalidad, siendo importante el ejercitar un pensamiento flexible, la curiosidad, la fluidez de ideas, la tenacidad, la tolerancia a la ambigüedad, la apertura a la experiencia y sentimientos, la concentración y la confianza en sí mismo.

El ser humano debe ser visto como una unidad indivisible y en permanente intercambio con su entorno, al que transforma, pero que consecuentemente también le transforma a sí mismo. La creatividad es expresión de la unicidad de cada hombre, que da su sello personalísimo a su Yo y a su mundo. No es una cualidad especial en algunos, sino una capacidad presente en todos los hombres y mujeres.

Ahora bien, la creatividad como dinamismo humano, no puede ser estudiado al margen del desarrollo de las otras actuaciones fundamentales del hombre, pues la suma de todos, permite la expresión y desarrollo de la creatividad.
Así, para ser creativo es indispensable el desarrollo de una conciencia crítica que nos permita reflexionar sobre nuestro ser y actuar. Ser creativo implica ser observador cuidadoso, cuestionador permanente, generador de respuestas, capaz de analizar y verse a sí mismo y el entorno de manera diferente y siempre renovada.

Ser creativo, implica ser una persona responsablemente libre en su actuar, con dominio de sí mismo, de sus impulsos, conductor de sus afectos, impulsor de sus ideas y generador de sus propios límites, para ser conciente y responsable de sí mismo.
Por otro lado, el hombre para un adecuado desarrollo de su creatividad, requiere de una integración afectiva, de sus impulsos y emociones, que orienten su actuar y le abran al encuentro y diálogo con los otros y el mundo. La creatividad es necesaria para crecer como persona, transformar nuestras actitudes y patrones de relación en cada etapa de la vida. Ser creativo es estar en continuo crecimiento para mejorar como ser humano.

Igualmente importante, es resaltar que la creatividad no se da en solitario, se es creativo con y para los demás. Es aquí, donde el dinamismo de la solidaridad se hace presente, pues la creatividad no es un actuar en un vacío moral y ético. La creatividad plenamente humana apunta y resalta lo mejor del hombre, trabaja por el bien común, por la justicia, la equidad y el respeto a la naturaleza.

Asimismo, la creatividad está íntimamente vinculada con la apertura a la trascendencia, como señalan A. Maslow y V. Frankl,; pues la creatividad da las bases para dar un significado al ser y hacer de la persona en el mundo y su autorrealización. Por lo tanto ser creativos es forjar nuestro propio y singular significado a nuestra existencia .

Finalmente, la creatividad es expresión de la imagen de Dios, en cada ser humano, llamado a trascender, ir al encuentro con la plenitud y perfección suprema, que es Dios, como lo afirma San Agustín de Hipona: “Señor, nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti”.

Sin duda, el mundo requiere de hombres y mujeres que impulsen una creatividad humana, siempre orientada por valores de raíces evangélicas, pero universales y fundamentales, como la justicia, la verdad, la libertad, el respeto a la dignidad de la persona y a la naturaleza, la paz y la solidaridad; para construir un mundo mejor, el reino de Dios entre los hombres, de todas las razas y naciones de la Tierra.

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Referencias.
• Mitjans, A. “La creatividad”. En Revista Didac. No.21,Prim 93, p 12-24.
• Patiño, H. “Reflexiones acerca de la creatividad”. En Hernández-Magro I. y Villegas, P (coords). Unidad, Diversidad y Conciencia. Introducción al Problema del Hombre. Universidad Iberoamericana. México, l996.
 

 

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